sábado, marzo 11, 2006

Aniversario


Recuerdo el 11 de marzo de 2004 con una banda sonora que le puse aquella noche, como a todo en mi afán de relacionar cada momento importante con la música: My immortal de Evanescence. Si la escucháis con las imágenes en la cabeza veréis.
Yo estaba en Túnez en el que era mi día de regreso del viaje de fin de carrera. Habíamos madrugado mucho para hacer las maletas, desayunar y coger el avión de vuelta en Monastir. Nos despertamos antes que los terroristas. Yo ya había hablado con algunas personas desde muy temprano, porque tenía ganas de llegar a España, así que llamé a mi padre antes de que se marchara a trabajar. Tenía ganas de Madrid.No me acuerdo de la hora exacta. Vamos a poner que fue en torno a las ocho de la mañana, aunque a lo mejor me equivoco. Vanessa desde Pamplona me escribió un sms: "¿Estáis todos bien?".No decía nada más. Los móviles del resto de mis compañeros se simultanearon y empezaron a sonar con una melodía rota. Los de los terroristas ya habían sonado.
Ninguno sabíamos a qué hacían referencia esas palabras, precipitadas, matizadas de ansiedad, angustia y confusión. A miles de kilómetros de casa esa congoja traspaso los teléfonos y se nos vistió pálida en las caras. El canal internacional de TVE nos daba la respuesta unos minutos después: Una brecha en varios trenes en Atocha.Y otro. Y otro. En distintos puntos. El cielo brumoso de esa mañana de Madrid se llenaba de almas ausentes.
Los pasillos del hotel eran un ir y venir de gente corriendo, llorando, abrazándose, preguntándose por sus familiares que a esa hora pasaban por Atocha (entre ellos, mi padre, pero a mí me llamó de inmediato). Nunca había tenido la sensación de que el tiempo se detenía. Era como que a mi alrededor todo iba muy deprisa y yo me había quedado congelado. Lo que restaba de mañana fue confusión, porque Madrid saltaba por los aires y no alcanzábamos a entender nada y queríamos estar en casa. Nuestro viaje al aeropuerto fue un calvario. Todos debatíamos sin saber nada. En el aeropuerto un periodista de una televisión portuguesa nos comentaba que la BBC había confirmado que Madrid seguía los pasos de Nueva York y que los muertos ya se contaban por decenas. Nuestras familias desde casa nos decían que había sido una maquiavélica sangría de ETA.Qué pensar. Yo sólo quería llegar a casa y sentir Madrid.
En el vuelo intentaron que volviéramos relajados, porque algunos no sabían de sus familiares. Dos compañeros en Barajas se enteraron de que un amigo y un allegado habían fallecido. En el aeropuerto tenía la cara desencajada. Mis padres vinieron a buscarnos a Isa y a mí y Madrid había enmudecido. Sobre la ciudad de la movida cayó esa tarde un halo de silencio absoluto. Los coches no se atropellaban por las circunvalaciones, las caras de la gente eran un mismo rostro de desolación. La metralla parecía que había sellado los cines, los bares, las teles. Madrid era una ciudad muda.Al día siguiente el cielo lloró amargamente sobre la capital.
Así fue mi 11-M hace dos años. Para todos fueron 191 (más el GEO) ausentes. Ese día entendí que una ciudad de tantos millones de habitantes podía ser una sola, porque todos perdimos algo, nos dejamos una lágrima de camino a casa, se nos escapó un pensamiento de angustia, nos invadió un sentimiento de que la vida es fugaz, nos sentimos frágiles. Ese día es inmortal. Un recuerdo para todos vosotros que pasasteis a formar parte anónima de cada uno de nosotros. Y algo de nosotros se quedó en el tiempo con vosotros aquel día.

1 Comments:

At 5:15 p. m., Anonymous Anónimo said...

Tras haber escrutinado estas grafías siento la voluntad de que no me roben el oxígeno como lo hicieron con 191 seres que viajaban en un ferrocarril. El ferrocarril del 11, aquel en el que todos seguimos vagando.

 

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