Malo, malo, malo eres...

Hoy vengo con una recomendación corta para pasar amenas las últimas horas de la semana. En El País vienen publicando una serie de crónicas negras de los más malos de la Historia. En su dominical repasan las páginas más oscuras de la vida de los personajes que nadie querría tener como vecino. Son los malos de la Historia. Y entre los más sangrientos, de los que se me han quedado grabados, por atroces, son algunos como Drácula, Jekill y Hyde, la madre araña, Ed Gein o Rasputín. Estos no son malos de peli, sino de carne y hueso (o de los restos de ellos).
Me llama la atención que casi todos los malos sean hombres, y sólo una mujer, de la mayor parte de los que he leído. Sin duda el que más me impactó y que muchos conoceréis es Ed Gein, una prueba de que la realidad supera la ficción. Fue él quien a su vez inspiró con sus crímenes la película de "La matanza de Texas" y más recientemente "American psycho". Gein era el campesino prototipo de todas las cintas yanquis: Un hombre introvertido, ultracatólico, misógino por educación materna y con un más que preocupante sentido de la curiosidad. Pues bien, este hombre desde pequeño fue alejado de cualquier contacto mujeriego, excepto el de las faldas (y lo que había debajo de ellas) de su madre. Y digo yo en este punto que más mala fue ella que él. Con el paso de los años, la psicosis en la que le metió la progenitora le llevó en primer orden a asesinar a su hermano. Nunca se supo la autoría hasta que él la confesó. A partir de ahí Texas tembló, porque Gein, sigilosamente, como todo asesino, escogía a sus víctimas y literalmente las descuartizaba. Con su piel confeccionaba forros de cojines, sofás, tulipas para las lámparas; adornaba las paredes con las cabezas de sus víctimas; elaboraba pulseras, pendientes y colgantes con los dientes, dedos... y, no escamitaba en hacerse con un buen book fotográfico, que en Internet podéis verlo metiendo el nombre de Ed Gein en google. El resto humano, que ya era poco, lo colgaba cual jamón curando en un cuarto oscuro. La nevera y la dieta alimenticia de este "buen" hombre es obvia. Que, por cierto, esta historia, me recordó, aunque nada tiene que ver, a la novela de Truman Capote, tan de moda por el Oscar, "A sangre fría". El relato de la primera parte es buenísimo.
De los otros malos, me sorprendió descubrir que Jekill era un sobrino, favorito, de la reinísma de Inglaterra. Tras muchas investigaciones se descubrió que su enfermizo gusto por las faldas cortas, si es que las llevaban, de las prostitutas londinenses, llegaba a tal extremo que las asesinaba y las descuartizaba con una pulcritud que desorientó, y mucho, a la policía de Londres. Dicen que fue la misma soberana la que decidió asesinarlo por encargo, aunque otras fuentes revelan que también murió infectado de tuberculosis de una de sus víctimas de bisturí.
Rasputín, sin embargo, no es que fuera malo, es que estaba loco de atar. Se aprovechaba de su condición sexual, para llevarse al huerto a todos los príncipes, zares, zarinas, princesas y otros personajes de la corte rusa, para dirigir los designios del imperio entre copazo y copazo, hasta que este brujo, por lo visto, comprobado, se encontró con la horma de su zapato, y los zares de San Petersburgo le tendieron una trampa y lo asesinaron con su propia medicina: El sexo y el veneno. Basta con mirarle a los ojos, para darse cuenta de que miran a través del tiempo.
Por último, en la II República, la madre araña, (una mujer que ha estudiado la tan archiconocida Rosa Cal y seguro que también, mala de la historia para algunos) dio a luz una niña, en la que depositó toda su obsesión por ser la primera mujer española con una cultura, educación reconocida por una sociedad machista. Su psicosis, que relata Rosa Montero en esta crónica, condujo a un final en el que la hija dejó matarse por la madre. Y, como no, hay que cerrar el chiringuito de los malos con uno reciente. Éste se ha incorporado ayer a filas: Slobodan Milosevic. Slobo es el nacionalista más sangriento de finales del SXX. Este hombre introvertido, maquiavélico y manipulador se dejó llevar por las malas artes de su mujer, para llevar a cabo una espeluznante limpieza étnica en los Balcanes. Algunos miembros del Tribunal de la Haya llegaron a declarar que jamás habían conocido una persona con tal bajeza moral para no reconocer evidentes actos de guerra y sangrías humanas. Otro más al club.



2 Comments:
hermosas fotos!
cambia el color porfavor no puedo seguir leyendo!!
un abrazo.
Á.
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