lunes, abril 17, 2006

¿Qué ha pasado con Joyce Vincent?

Sí. Es verdad. Aquellos que me conocen, gente de poca fe, habrán pensado que después del júbilo inicial ya se me habría pasado la fiebre del blog. Después de mis vacaciones vengo con la cabeza cargadita de cosas de las que hablar. Pero hoy me ha llamado la atención leyendo El País el caso de una mujer londinense que, como quien no quiere la cosa, llevaba dos años muerta en el suelo de su casa y nadie se había percatado.

La desafortunada difunta en cuestión se llama Joyce Vincent. Y hace poco se la encontró la policía judicial en el suelo de casa con las bolsas de la compra, los platos en el fregadero y la televisión encendida. En estos dos años nadie se ha preguntado por ella. Así que soy yo quien se pregunta si esta mujer no tenía amigos. Seguro que los tenía, pero claro no entiendo mucho que no la llamaran en todo este tiempo o que no se acercaran a su casa o alertaran a la policía. Pero, peor es lo de la familia que ni se ha cuestionado, porque la mujer tenía hermanas, qué pasaba con ella. Y, como todos los mortales, trabajaba, y de la noche a la mañana desapareció del curro. Supongo que la despedirían, pero lo normal es que un jefe sea cabroncete y quiera enterarse de qué pasa con su vida...
Demasiado sola debía de estar para que nadie se haya preguntado por ella. Y los vecinos tampoco se inmutaron después de acumularse cartas y cartas en su buzón y en la puerta de su casa desde noviembre de 2003... Las pruebas, nunca mejor dicho, son mortales, porque lo que queda de Joyce, su esqueleto, deja entrever que ha descansado plácidamente en su apartamento de Londres mientras la vida giraba y giraba en torno a ella sin que nada se preguntara ¿Qué coño ha pasado con Joyce Vincent?
Lo más triste de todo es que Joyce era una mujer maltratada. El ayuntamiento londinense le proporcionó el apartamento y ni siquiera ellos, sabiendo su situación, ni la asociación de mujeres a la que pertenecía se interesaron por ella después de dos años sin dar señales de vida. Solamente la han descubierto después de todo este tiempo de impagos parciales, pues los laboristas le pagaban una cuota de alquiler.
Digo yo que a nadie que yo conozca, ni a mí mismo, le pasaría una situación tan cómica y dantesca. Es de película. En una ciudad tan grande las cosas más pequeñas se hacen inverosímiles y, aunque Joyce no se de cuenta, es bastante deprimente que ni tu vecino con quien compartes esa pared de mentira y a quien odias constantemente cuando escuchas sus gritos, su música, su conversaciones, sus orgasmos... se de cuenta de que has dejado de existir. Por no decir la familia y los amigos. Así como por un guiño del destino hasta yo que ni era vecino ni sabía quien es la tal Joyce me he enterado de su vida a miles de kilómetros... ahora somos miles de personas las que sabemos que esta mujer londinense estaba sola.