miércoles, mayo 03, 2006

... estaría bien


¿Os habéis imaginado cuántas cosas en la vida pensamos a diario que podrían estar bien, es decir, mejor de lo que nos parecen o queremos? Sería como abrir un huevo Kinder y descubrir una gran sorpresa que haría de los días buenos otros fantásticos y de los malos otros llevaderos. Hay que proponérselo.Yo lo pensaba esta tarde en las horas de trabajo y se me ocurría que estaría bien en primer lugar que lo bueno o lo malo que nos pasa en la vida fuera sencillo, porque a veces, cuando algo de lo primero sucede sin esperarlo enseguida nos decimos a nosotros mismos lo extraño que ha sido que una cosa tan buena nos pasara de repente.

No estamos demasiado preparados para lo bueno ni para lo malo. Por eso hoy estaría bien pensar, a punto de acabar el día, en eso. Estaría bien que querer fuera más sencillo, que compaginar mundos opuestos fuera tan fácil que se acercasen los dos polos. Estaría bien que la gente se entendiese, así por ejemplo nuestro Evo Morales, con su jersey a rayas, no nos jodería nacionalizando las empresas; o que las personas se respetasen y así no hubiéramos tenido que contemplar el hermoso trasero de Frau Merkel, tan tan hermoso como un "sol". Estaría bien que no hubiera insultos y así las discusiones acabarían en tablas y con los ánimos calmados.
Y sobre todo estaría bien convencernos de que en la realidad todo es más sencillo de lo que parece si nos convencemos de que así es. Es sencillo pensar que un mal día pasa y que aquella hora que se hacía eterna, porque el plomo de la tristeza hundía nuestro entrecejo hasta arrugar la nariz, no es más que un efecto de pensar que pasarlo mal es un nubarrón detrás del cual sale el Sol. Y también sería más sencillo relacionarnos entre nosotros si en lugar de buscar otro yo encontrarámos un complemento.
Estaría bien despertarse cada día dejando nuestros miedos e inseguridades en la almohada y vestirnos con una cara guapa para deslumbrar al mundo que hay más allá de la puerta de casa. Estaría bien pensar que el dolor que nos punza el estómago a veces es solamente una piedra, detrás de otra, que se llama madurez y que un día desaparece porque ya lo hemos aprendido todo. Y estaría igual de bien saber que podemos mirar atrás con una sonrisa y meter en un saco los buenos recuerdos para cargarlos a la espalda dejando los rencores en la tierra del camino. O se me ocurre también el poder meternos en esa burbuja que llevamos todos al lado donde lo que nos hace sentir mal y que nuestro ánimo decaiga no consiga traspasar. Sería sencillo si metiéramos con firmeza uno de los pies dentro, porque luego el resto de nosotros ya estaría dentro.
Nos sentiríamos bien si valoráramos, como ya escribí en un blog, los pequeños placeres de la vida, como son un par de cañas de lata y una bolsa de pipas en un jardín de una tarde tormentosa de Madrid. O un par de pizzas aliñadas con recuerdos y cariño perennes. Y también estaría bien colgar de la pared ese minuto de oro en el que supimos aprovechar un abrazo deseado en el que esos brazos te protegen con firmeza y sientes que con un gesto así quién puede estar triste o creer que está solo o mal.
Y es que sería más sencillo todo en esta vida si a veces en lugar de enfrentarnos por llevar la razón o por defender algo que no vamos a cambiar nos fijáramos en lo verdaderamente importante que es aprovechar lo que nos dan y dar lo que nosotros somos. Estaría bien dormirse hoy pensando en esto, porque levantarse mañana y sonreir será más sencillo.