martes, mayo 16, 2006

Tiempos de azúcar


Antes que nada, aviso para navegantes: Siempre que queráis, que sé que sois pocos, pero estáis, podéis hacer cualquier tipo de comentario en los post que voy colgando. Como es anónimo si os da vergüenza vuestro nombre no sale :-) No sé si alguna vez os habéis preguntado que las cosas caen como llovidas del cielo, como si todo llevara un orden encadenado. Si no fuera porque creemos que existe el azar parecería que todo lo que pasa está encadenado.
A lo anterior, como es el caso, puede sumarse un peso en el entrecejo y un dolor de "frente cabecero" como si te estuvieran golpeando con un plomo invisible. Todo esto para hablar de una película después de la que recomendé hace tiempo, la de Volver a empezar. Bueno, pues anoche vi Tiempos de azúcar. Otra española. En la 2, como no podía ser de otra manera. Y me encontré con ella como quien pisa un chicle con sus zapatillas y se lo lleva pegado en la suela. Si los acontecimientos de ayer no fueran como resultaron ser seguramente que a esa hora y con la noche tan increíble que hacía ni me hubiera enterado de su existencia. Pero todo lo que pasó acabó desembocando en una tormenta seca, con algunos rayos y truenos, pero finalmente poca agua. Y la poca que cayó fue viendo determinadas escenas de la película. Y como todo lo grande en la vida algo puede cambiar en segundos y minutos y pasar del blanco al negro y viceversa.
Con la predisposición que tenía ya, la vi como una historia absurda, sencilla, que le puede pasar a cualquiera. Dos amigos de un pueblo que están enamorados desde que son pequeños, pero nunca llegan a estar juntos, porque tienen maneras distintas de mostrar su amor y al final acaban siguiendo cada uno su camino, pero con ese sentimiento latente.Él está locamente enamorado de ella, pero siente ese amor que es el más sincero de todos: El de querer la felicidad de la persona a la que amas a costa de lo que sea y de sacrificar ese amor y dejarlo insatisfecho. Ella está enamorada desde el principio, pero lo ve como un gran amigo, como la persona a la que le cuentas todo, como ese pilar que todos tenemos para llorar siempre o para reir o para contar los secretos más intímos sin enrojecernos, porque no hay compromiso alguno. Son dos maneras muy distintas de querer. Pero ese sentimiento les llevaba a buscarse siempre en la película. Daba igual las vidas que fueran a llevar cada uno. No pasaba nada porque ella se enamorara falsamente de su compañero de facultad y se casara con él. "El mejor amigo" se quedaba en el pueblo, anclado a su negocio familiar, amasando los dulces y haciendo de ellos el cariño que siente por la chica. Es él quien le prepara su pastel de boda, quien la anima a seguir su camino en la vida, quien se alegra de que haya encontrado un chaval tan bueno como marido, quien amasa sus penas con los dulces que prepara por ver que ella progresa. Y es él a quien le compensa un día de visita, entre cientos de ausencia.
Ella, en la madurez, se da cuenta, tarde, pero a tiempo, de que su vida ha girado en torno a esa persona que siempre estuvo pendiente de sus movimientos, en silencio, con ternura, con cariño. Y de eso uno se da cuenta en una escena, que para mi, es increíble: La del amanecer de un uno de enero en el que ella tiene roto el corazón, porque uno de sus tantos ligues la ha dejado. Y a este chico no se le ocurre otra cosa que sólo quien te quiere con algo más que lo físico te puede regalar: Un amanecer. Ella diserta en esa escena sobre el amor, el dolor que se siente, ese nudo que te ahoga por dentro, la sensación de asfixia, de perderlo todo y de no ver el resto de cosas buenas que tenemos en la vida, le cuenta la sensación de parálisis que le rodea como si nada en su vida tuviera ya sentido. Y decide que el amor es una mierda.
Pero el tiempo a lo largo de la película le va enseñando a ella y le va modelando a él lo qué es el amor. Y normalmente, esto ya es algo de opinión, es algo más fuerte que una pasión, y más que la necesidad de estar con alguien, más que la obsesión de querelo todo de esa persona. El amor es demostrar que por encima de lo malo (y de lo bueno, que es más fácil) siempre vas a estar ahí aceptando la vida de la otra persona, asumiendo sus decisiones, respetando siempre, animando el camino que va haciendo, apoyando y celebrando sus logros, corrigiendo los errores, asumir los ajenos, superar los baches y los miedos, saber que sólo con esa persona aprenderás todos los días y viceversa, y pase lo que pase, si tienes verdadera confianza en ella, no soltarle nunca la mano y saber que el dolor de una decepción no lleva veneno y tiene solución. Eso es querer. Y lo sientes porque pase lo que pase y hagas lo que hagas te vas a sentir a gusto y envuelto en la tranquilidad que te da esa persona y a la que echas de menos cuando hasta haciendo lo más tonto con otra sientes su ausencia o irremediablemente viene a tu mente. Pensadlo, porque es amor. Tiempos de azúcar.