¿Agosto?
Si es que el refranero no falla. Y mi abuela tampoco, que también lo dice mucho: En agosto, frío en el rostro. Y eso es lo que ha pasado anoche y esta mañana, pero...... el final del veranoooo... no llegó. Pues no. El verano no se ha terminado, ni se ha rendido, pero nos ha dado una tregua de dos días. Bandera blanca. El sol se ha tomado unas vacaciones para recargar la batería hasta final de temporada. Y a mí me ha gustado lo de despertarme esta mañana y ver el cielo lleno de nubarrones grises que formaban filas, para ir disparando perdigonazos de gotas, que se estrellaban contra la luna de mi coche como diciendo qué hace una gota como yo en una estación como ésta. A lo que yo he contestado a las contrariadas suicidas que lo mismo me pregunto yo cuando cada día despierto a mi coche de un pisotón a las seis y media de la mañana.
... este jueves he sacado mi manga larga. Ya que el verano ha decidido jugar al escondite con todos, me he puesto mis vaqueros y una camiseta de "invierno", que bostezaba aburrida en el cajón. Cómo me lo ha agradecido después de meses triste y sola, doblada sobre sí misma en ese pequeño antro sin ver la luz del techo y arrinconada junto a esos gordos jerseys que le roban todo el espacio a una simple e impersonal camiseta de entretiempo. Pero hoy es su día y sé que ella me lo ha agradecido.
Con mi ropa de camuflaje he salido de casa y es que hoy es un día distinto, que parece habernos desplazado del verano que hace una semana nos asfixiaba. Además con la novedad las horas en el trabajo se hacen más amenas pensando en una siesta arropado con la tele de fondo hablando sin parar y sin nadie que la calle mientras yo orbito por los sueños de Morfeo. También es de esos días en los que apetece pasar la tarde calentito en el cine viendo una peli de falso terror, que el de verdad ya está en la realidad, o tomar un café o una cerveza viendo cómo la lluvia invade territorio ajeno. Territorio de verano.



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