Counting down the days

Este es mi domingo ideal para cualquier domingo. Sólo falto yo sentado con mi toalla, los pies mojados, pensando y mirando al sol con una chaqueta de deporte y mi bañador semiempapado de las olas que van y vienen y de haber estado chapoteando un poco antes.
... porque los domingos son así. Los domingos tienen esa parte de relax y descanso, de perder el tiempo soberanamente, porque en realidad quien inventó este día eliminó la palabra tiempo e importancia del calendario. Un domingo es como la foto: Silencioso, tranquilo, algo melancólico, reflexivo y de atardecer, de todo lo que acaba.
Y a lo mejor por eso de que un domingo acaba todo... la segunda parte del día, cuando atardece, nos entra esa angustia del lunes que llega, de volver a empezar, de cómo va a ser la semana. Creo que en esta postal también el sol que se oculta refleja esa angustia, pequeña pero que es como un tirón por dentro del estómago, de querer aguantar el día todo lo posible para que no se acabe.
Estaría guay poder teletransportarse ahora a un domingo con atardecer de playa sin nada preocupante en lo que pensar.



2 Comments:
Silencioso, melancólico, reflexivo y fiesta de lo que acaba... Eso es un domingo. Muy bien dicho. Entonces ¿por qué ser feliz un domingo? ¿por qué no darse cuenta de que el séptimo día sólo sirve para potenciar el sensación aberrante de la insatisfacción? No te engañes, con playa o sin playa, la angustia del "día del sol" (Sonntag en alemán) no merece la pena ser vivida.
Bueno, si las cosas fuesen como tú las pintas... aún así me quedaría la esperanza de que mañana podría ser un día mejor y que de seguramente la insatisfacción sería menor. Además no hay nada que una tarde de playa no cure, o casi nada. Al menos creo que los problemas a caballo entre los veinte y los treinta si los cura una tarde de playa. Hazme un poco de caso. Si quieres una tarde playa...
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