miércoles, agosto 09, 2006

Felicidad interior bruta o cosas que contar


Anoche leí en EPS que existe una república en Himalaya donde la felicidad de los que viven en este minúsculo país, que no llega a un millón de habitantes, cuenta y mucho. Se llama Bután y su presidente se planteó hace tiempo que el motor de la república y de todo en general era la felicidad de la gente. Y aunque suene a cuento es totalmente cierto que así se planteó las cosas.
Pues bien con este razonamiento el "innombrable" presidente, Singye Wangchunck, ha establecido en los parámetros económicos del país lo que él llama: Felicidad interior bruta. Se lo plantea de tal manera que piensa que un ciudadano feliz es un ciudadano productivo y que tiende a crear.
Así junto, por ejemplo, al paro, la inflación o el mismísimo PIB, se impone el FIB o Felicidad Interior Bruta. En el fondo de la cuestión está que medimos nuestra bienestar por cuanto más tenemos que quien hay al lado nuestro: Más dinero, más éxito, un coche más caro y potente y bonito, una casa mejor situada y más cara... pero no nos damos cuenta que todo eso no contribuye a nuestro equilibrio interior, a nuestro bienestar real, sino que es algo efímero y que pasa.
Nuestro éxito se mide por todo lo que acabó de decir, pero en la vida no triunfamos por el tiempo que dedicamos a vivir nuestros placeres en general o a querer o a disfrutar del arte, la educación y otros valores que no se ven, que son abstractos. Con esto hacemos de nosotros personas grises, deprimentes y deprimidas, que no sabemos producir nuestra propia felicidad.
Producir FIB es tan fácil como plantearse primero el equilibrio personal para después producir y conformarse con lo que hay. Seguramente que viendo así las cosas, decían este reportaje, y es verdad, que algún día somos capaces de responder con una sonrisa a la pregunta: ¿Qué tal estás?
Muy bien..
... porque atenderemos primero a nuestro FIB. Dedicadle un poco de tiempo hoy a esto.