Inciso en la paz: Dícese lo que es de toda la vida un hijo de puta
Qué gratificante es descubrir que quedan hijos de puta andantes por la vida, para darte cuenta de que tú y quienes te rodean sois/somos gente normal, que no llevamos dentro el concepto de ir puteando alegremente.
Dícese del hijo de puta, áquel que por el mero hecho de sentirse bien sólo sabe putear a los demás, esto es para quienes no lo sepan joder, fastidiar, poner trabas, molestar, hacer tropezar, poner zancadillas, ningunear, insultar y hacer uso extralimitado de su poder. Vamos, un hijo de puta en toda regla, a lo que yo llamo también ser un auténtico cabrón.
El hijo de puta, por regla general, solamente siente felicidad haciendo la vida imposible a los demás, básicamente porque no tiene vida o porque su vida se erige en ir fastidiando al resto. Es lo único que gratifica al 'jo puta en su triste y lamentable camino de mierda. Y hablando de mierda, y este es otro rasgo del susodicho, le encanta echársela a los demás, cuanto más y más pestilente mejor, para, como no, putear.
Normalmente el hijo de puta tiene, por decirlo también de alguna manera, además de su triste vida, un vacío interior grande que solamente puede llenar haciendo lo que he dicho en el párrafo anterior. Y, para añadir un poco más, diría que se caracteriza por un terrible complejo de inferioridad, ostracismo bien merecido y escasa capacidad para crear lazos de amistad estables, porque nadie le soporta y todo el mundo, hasta el tonto del pueblo, cala fácilmente a este especimen.
Se caracteriza también, por ejemplo, laboralmente, por tocarse las pelotillas durante toda su jornada laboral, estafar a la empresa y si puede enmarronando al más débil para reforzar un falso puesto de liderazgo con el que suplir esa inferioridad que le trastorna su personalidad. Ay, hijo de puta, qué penita que me das, porque al final las moscas van a la mierda, y tú mierda no es que tengas mucho es que eres mierda en sí y las moscas te acabarán comiendo... para felicidad nuestra.
Pero aún así agradezco que siempre caminando por la vida hay este tipo de personaje, este hijo de puta, que a veces se gana la coronoa de ser gran... y lo que sigue... gracias a gentecilla como tú uno aprecia lo que valen los demás y lo feliz que es la vida sin vosotros y sobre todo lo vacía, gris, oscura, triste, deprimente que será ese valle de lágrimas que os empeñáis en ocultar cuando la gente pasa de vosotros.
Además sois tan reconocibles... porque siempre el hijo de puta se escaquea, putea y dice que no ha puteado, hace mal las cosas y culpa al resto, nadie come con ellos, nadie cuenta con ellos para nada, y se pasan la vida alegrándose consigo mismos cuando no tienen a nadie a quien putear.
Esto va por ti. Gran hijo de puta.
Dícese del hijo de puta, áquel que por el mero hecho de sentirse bien sólo sabe putear a los demás, esto es para quienes no lo sepan joder, fastidiar, poner trabas, molestar, hacer tropezar, poner zancadillas, ningunear, insultar y hacer uso extralimitado de su poder. Vamos, un hijo de puta en toda regla, a lo que yo llamo también ser un auténtico cabrón.
El hijo de puta, por regla general, solamente siente felicidad haciendo la vida imposible a los demás, básicamente porque no tiene vida o porque su vida se erige en ir fastidiando al resto. Es lo único que gratifica al 'jo puta en su triste y lamentable camino de mierda. Y hablando de mierda, y este es otro rasgo del susodicho, le encanta echársela a los demás, cuanto más y más pestilente mejor, para, como no, putear.
Normalmente el hijo de puta tiene, por decirlo también de alguna manera, además de su triste vida, un vacío interior grande que solamente puede llenar haciendo lo que he dicho en el párrafo anterior. Y, para añadir un poco más, diría que se caracteriza por un terrible complejo de inferioridad, ostracismo bien merecido y escasa capacidad para crear lazos de amistad estables, porque nadie le soporta y todo el mundo, hasta el tonto del pueblo, cala fácilmente a este especimen.
Se caracteriza también, por ejemplo, laboralmente, por tocarse las pelotillas durante toda su jornada laboral, estafar a la empresa y si puede enmarronando al más débil para reforzar un falso puesto de liderazgo con el que suplir esa inferioridad que le trastorna su personalidad. Ay, hijo de puta, qué penita que me das, porque al final las moscas van a la mierda, y tú mierda no es que tengas mucho es que eres mierda en sí y las moscas te acabarán comiendo... para felicidad nuestra.
Pero aún así agradezco que siempre caminando por la vida hay este tipo de personaje, este hijo de puta, que a veces se gana la coronoa de ser gran... y lo que sigue... gracias a gentecilla como tú uno aprecia lo que valen los demás y lo feliz que es la vida sin vosotros y sobre todo lo vacía, gris, oscura, triste, deprimente que será ese valle de lágrimas que os empeñáis en ocultar cuando la gente pasa de vosotros.
Además sois tan reconocibles... porque siempre el hijo de puta se escaquea, putea y dice que no ha puteado, hace mal las cosas y culpa al resto, nadie come con ellos, nadie cuenta con ellos para nada, y se pasan la vida alegrándose consigo mismos cuando no tienen a nadie a quien putear.
Esto va por ti. Gran hijo de puta.



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