lunes, septiembre 25, 2006

Contando...


Cuento los días con los dedos de las manos esperando a que la vida cambie, a que llegue el día en el que se me olvide contar o no sepa si tocaba el índice o el anular.

Cuento los días que restan para sonreir infinitamente desde que salga de casa hasta que vuelva a entrar, en el que no tenga que decir que soy feliz, sino que cada una de las letras se escapen disparadas por los poros de mi cuerpo.

Cuento los días en los que llorar no sea un momento más del día, sino que sea una tormenta pasajera que no nuble las horas... o sea producto de una emoción o de una sorpresa.

... y también los cuento para dejar de esperarte, para que llegues, para que me sorprendas por fin y aparezcas después de haber contado cientos de miles de veces y haberme cansado y de haber terminado pensando que realmente no estás ni vas a suceder en uno de mis días.

Cuento los días para no dejar de ilusionarme jamás, mientras llegas, por las pequeñas cosas de la vida: Ver llover, disfrutar de la nieve, dormirme profundamente después de una noche divertida, esperar a que llegue la tarde para tomar algo en buena compañía, disfrutar de los momentos de soledad elegida, tumbarme al sol en la playa, sorprenderme por el momento, la sorpresa, el regalo, lo inesperado, por un mensaje, una llamada, una sonrisa.

Cuento los días para que esas pequeñas cosas, de nubes y chicles pisados, sigan inherentes a mí, un día y otro, aunque tú aparezcas hoy o mañana, por ejemplo.

1 Comments:

At 2:04 p. m., Anonymous Anónimo said...

Empieza por no contar sino por descontar. Las cosas eternas tardan en llegar. A algunas personas les llegan seguro. Y a ti te va a llegar. Te lo mereces. Formará parte diaria de tus pequeñas ilusiones, que nunca nada te las va a romper más.

 

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