martes, septiembre 26, 2006

La decepción

No sé si la decepción es más triste y oscura de noche o de día. A mí de noche me parece un horror, sobre todo porque la encadenas con el amanecer y cuando tienes que madrugar esa decepción se ha inflado y duele más. La decepción te atenaza y te pilla por sorpresa, porque es así de traicionera y aparece cuando menos te lo esperas, cuando te envuelve un halo de tranquilidad y te sientes bien y piensas que nada puede hacerte daño muestra su cara más amarga.
La decepción aspira en ese momento toda la tranquilidad y entonces la ansiedad rellena todos los huecos que antes no tenías y por si fuera poco esa ansiedad te araña por dentro provocándote heridas, que duelen y que no se pueden curar.
Cuando crees que no te mereces la decepción por mal que hagas las cosas de forma ocasional o mucho que te lo quieran hacer creer todo se vuelve oscuro y triste y no encuentras el sentido de nada de lo que te rodea ni de los buenos momentos ni tampoco de haber hecho tanto bien. La decepción es ladrona, porque introduce todo eso en su saca de sufrimiento y te deja saqueado y vacío. Sólo junto a la ansiedad te cabe un pequeño interrogante dentro: Por qué.
Entonces piensas si las personas realmente tienen en la vida lo que se merecen o si existe siempre una mano justiciera que va repartiendo a cada cual lo que es justo para él o ella en la vida. Yo me resisto a pensarlo, al menos aplicado a mí. Me considero demasiado bueno y siempre con un sentimiento de querencia importante e imborrable hacia las personas que me importan. Por eso creo que cuando las decepciones me asaltan, cobardes ellas, en un rincón, desprotegido, sin esperarlo y con una sonrisa en mi interior es porque toca esa lección de vida, para aprender a valorar lo bueno cuando realmente tenga que llegar. De lo contrario sucumbiría y sería una víctima más de ti, decepción.
Dejas que depositemos un cupo de confianza y construyamos un mirador con vistas al mar de la tranquilidad e incluso en los mejores dias se avista a lo lejos la isla de la felicidad, cuando no hay oleaje. Pero enseguida desatas la tormenta y lo arrasas todo.
Entonces sólo queda resignarte y volver a empezar. Así eres tú decepción cuando apareces mentirosa y cruel.