martes, octubre 17, 2006

La lluvia

Llueve en tu alma y no hay paraguas que te proteja de esas gotas que caen una detrás de otra sin parar y que te van menguando. Que más da que llueva o haga sol ahí fuera si aquí dentro la tristeza ha nublado el día y llueve a ratos ahogándote en un mar que no tiene límites ni una red que te enganche y te rescate del temporal.

... llueve... y cuando lo hace, en días así, me gustaría encontrarme contigo e ir al cine a ver una película o a lo mejor tomarnos un café con un bollo en cualquier cafetería o ver la tele arropados con una manta tranquilamente o simplemente charlar de tantas cosas inexplicables que te he contado. Te he hablado del tiempo, de esas curiosidades y pequeñeces que te encuentras por el camino y recopilas, que no tienen importancia pero las cuentas. Quizás también me hayas contado tú otras historias, otras pequeñeces, o no del día a día, tan propias para una tarde de lluvia que invita a recogerse y abrazarse... pero hoy sobre nosotros, dos, llueve... y todo a nuestro alrededor está empapado y perdido de barro. Qué más da de quién sea hoy la culpa, si ayer fue de uno y el anterior del otro, pero al final ha terminado lloviendo decolorándonos a nosotros y a nuestras historias un poco más si cabe un martes 17 de octubre de cualquier año, como éste, el de 2006.

... hacía tiempo que el cielo sobre Madrid no lloraba con tanta fuerza. Charcos de llantos y nubes de ansiedad recorren nuestras cabezas, todo el día, con miradas perdidas y desviadas para que no nos caiga la lluvia encima. No nos damos cuenta, pero nos mojamos.



Quizás una de tus sonrisas me secara la lluvia que tengo encima, pero hoy no sé qué decir tampoco y estoy empapado y tengo frío, fiebre y no sé qué hacer.. . Porque esas lágrimas han ahogado las palabras y sólo puedo decir que las nubes se las llevan los ojos de cielo, que son los mismos que dan alegría a los días. Me pregunto en estos momentos cuando el gris cubre Madrid.