miércoles, noviembre 01, 2006

No es serio este cementerio



No es serio este cementerio. Hoy un campo santo es lo más parecido al Corte Inglés en las rebajas de enero o un domingo en uno de los pocos centros comerciales que abren en Madrid.

Hoy es de esos días en el que los atascos se registran en las calles de los nichos, donde llueva o haga sol, frío o calor, las lápidas se cubren de verde y de colores. Son las flores de los recuerdos.

Los problemas de parking son "mortales" hoy hasta en los cementerios. Se venden por entradas los pases para ver el espectáculo del pañuelo, las caras largas. Los trapos y la mopa de casa se mudan por unas horas a las casas de mármol, sin telefonillos para llamar, pero eso sí, con el nombre de todos sus inquilinos, con la fecha de entrada y todo. Una escritura en toda letra. Normalmente el buzoneo no se lleva en estas propiedades, lo más son las cartas florales, que llegan muy de vez en cuando y a casi todas a la vez.

Aquí no hay problema de vivienda. Los apartamentos, por regla general, se dividen en subterráneos, que son viviendas unifamiliares de varias plantas, a lo dúplex, y con un aparente acabado, generalmente en forma de cruz e incluso con alguna fotografía, y un pequeño jardín que en días como hoy, sorprendentemente, reverdece. Más comunmente se llaman lápidas. Y suelen habitarlas familias sólidas, de las que nunca se despegan.

Luego están los pisos o apartamentos por calles y sectores, que son unipersonales, sin apenas ventilación, y con una entrada más pequeña y sin jardín, aunque eso sí, de vez en cuando, un pequeño macetero a modo de balcón. Se llaman nichos. Están de moda. Y en los últimos tiempos se hacinan algunos familiares bastante "calcinados" con esto de la propiedad mortuoria.

En estas residencias lo más importante es el comfort. Las camas, por eso, suelen ser acolchadas, mulliditas, para el descanso eterno y el sueño infinito. Generalmente, los pijamas que visten son lujosos o emotivos, porque aquí, en la tierra del eterno descanso, el sueño es el rey de la fiesta y hay que recibirlo con las mejores galas de las que uno dispone. Además siempre hay que estar listo para recibir a un amigo o un familiar. Las visitas, en este barrio, son siempre bienvenidas, y por lo que suelo ver, bastante emotivas. No fluyen las palabras, pero los diálogos de silencios suelen ser prolongados. Aquí estamos acostumbrados a esto.

En un día como hoy andamos muertos, porque la noche ha sido una larga fiesta y andamos con resaca. Algunos, los más mayores salen con lo puesto, un par de huesos mal colocados y un algún diente incisivo. Ellos son los reyes de la fiesta.

Y a ella tarde o temprano todos estáis invitados.