Despídete
Cuando he encendido el ordenador esta mañana buscando en la mente una canción, de repente me ha salido ésta de entre los dedos. Como si estuviera escondida, jugueteando de una mano a otra, pero que de repente ha saltado. Así. Sola. Como ellas dos. Ella baila sola. No se puede decir que lo suyo fuera una próspera carrera, pero sí es cierto que esta canción es lo más bonito que se puede decir en una despedida. Las despedidas siempre son tristes. Y en muchas ocasiones, yo diría que en todas, es mejor no prolongar lo que al final va a ser como todas una triste y, seguramente dura, despedida.
Hay despedidas de amor. Las hay de amistad. Las hay laborales. Las hay vitales y mortales. Pero cuando te despides sientes que un trocito de ti se desprende y se queda en una parte, no sabes cuál, de esa persona, que por mucho o poco tiempo, ha formado parte de ti y de tu vida.
Creo que las lágrimas de una despedida son las más limpias, las más sinceras y las que salen del fondo de alma. Eso que no sabemos dónde está, pero que todos lo tenemos, aunque algunos más escondido que otros. Después de las despedidas siempre quedan los recuerdos, que por arte de magia, se vuelven buenos. Se borran los malos y ahí se quedan los buenos ratos, las risas, los abrazos, los cariños, los momentos. Es lo que tienen los recuerdos. Que son así. Bonitos. Y que, quizás, nos hacen más humanos. Como las despedidas.



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