miércoles, septiembre 06, 2006

Cosas que no puedo soportar

Cuántas cosas hay que nos ponen nerviosos, nos sacan de quicio, nos chirrian, nos espantan, nos hacen retorcernos y a veces hasta gritar. A mí me pasa con cierta frecuencia, cuando además mi cara es el espejo del alma y no puedo negar lo que mi navegador facial comunica con las cosas que veo, escucho y siento. Y hoy le toca el turno a esas pequeñeces que me espantan, me horrorizan y me desfiguran el rostro.
Por ejemplo, esta mañana cuando llego al trabajo me encuentro que, ésta, por suerte o por desgracia mi segunda casa muchas veces, se ha convertido en un circo con decenas de focos apuntándome desafiantes, vallas metálicas riéndose de mi coche, precintos en el parking, alfombras rojas, enormes altavoces y miles de laberínticos cables. Y todo para la inauguración de la octava temporada de GH. Entonces el espíritu de Munch se apodera de mi ser y mi mañana se diluye en ese rostro de: ¡Pero qué me estas contando! Y sí. No he podido aparcar. Me ha tocado dar la vuelta al ruedo, sortear los embites de este toro televisivo para acabar aparcando fuera de este coso taurino que es mi curro.
Después de esta primera cornada en el primero de la mañana, hago una verónica y por ejemplo me pongo en situación de decir que no soporto a quienes van por la calle sacándose los mocos y modelando réplicas diminutas de Botero. De nuevo, Munch invade todo mi ser. Puede con mi alma ese momento artistíco. Y también lo hace cuando algunos confunden la M-40 con el circuito de Mónaco, y a mí y a "cupido" con Alonso y su coche de carreras. No, señores. No somos ellos. O mejor dicho. Ellos no son nosotros. No vayan jugando al tres en raya por los tres carriles, porque acaba saliéndome por las orejas el humo del tubo de escape.
Aunque ya hice referencia en un post atípico en este blog repito que no puedo con la gente que me enerva o me hace enfadar por el simple gusto de sentirse realizado. Pufff. Crearía un Guántanamo para este tipo de especie humana sin estudiar. Tampoco soporto que la gente huela siempre la comida antes de probarla. Lo haga por norma y sin complejos y meta las narices en harina constantemente. No me gusta el humo en mi boca. Ni podría dar un beso a alguien que fume compulsivamente. Sí. Munch me invade también en esos momentos...
No soporto no saber a estas alturas colgar música en este rincón. Por más que lo intento cuanto más lo hago más rehuye el éxito de mi y acabo quedándome colgado de este blog. No puedo con el desorden, pero tampoco con el orden. Me gusta el desorden ordenado. Tampoco, con las contradicciones. Las primeras las mías. Ni me gustan que me corten alas cuando me apetece volar o que me despierten cuando me apetezca soñar o me rompan un hechizo cuando quiero ilusionar(me). Ni las mosquitas muertas, o vivas, porque siempre acaban chupándote la sangre. La impuntualidad me convierte en un monstruo fuera de mi mismo, en un reloj desatado que pierde las manillas. Esperar. Esperar. Esperar. Soy un impaciente. No me gusta no saber ni puedo con la incógnita, la duda o el desafío.
Y me gustaría que todo el mundo soportara los momentos en que mi volumen se sube unos decibelios de más y mi tono se satura. En esos casos que a mí y al otro Munch nos invade.